La movida comenzó en Corrientes pero también podría beneficiar a productores de Entre Ríos e incluso de Chaco.

Con la diversificación agrícola en la mira, el gobierno de la provincia de Corrientes realizó este año una misión comercial a Brasil para establecer un canal directo de exportaciones del trigo argentino y sortear una de las mayores barreras para la extensión del cereal en la zona: el costo del flete a los principales puertos y centros de consumo argentinos.

Es que entre los 700 kilómetros a Rosario y los 250 a 300 kilómetros a los molinos de Brasil en Pelotas y Porto Alegre, la diferencia del costo por tonelada transportada no es menor. Achicar esa diferencia tiene aún más sentido si se piensa que el trigo que va a Rosario se destina en su mayor parte a Brasil, en un triángulo que podría evitarse si el cereal cruzara directamente la frontera, algo tan simple como imitar lo que se hace todos los años con el arroz, principal cultivo de la provincia.

«Si se dan las condiciones comerciales, Corrientes podría sembrar de la noche a la mañana 50.000 hectáreas de trigo», afirma Enrique Figueroa, jefe del grupo de Producción Vegetal de la Estación Experimental Agropecuaria de Mercedes, Corrientes. Quizás esa cifra suene a poco comparada con las 2.342.984 hectáreas de trigo que se siembran en la provincia de Buenos Aires, pero no son nada despreciables para Corrientes, donde el arroz cubre unas 91.400 hectáreas por año.

Sin embargo, en la campaña anterior se sembraron apenas 2545 hectáreas de trigo en Corrientes, incluso con el incentivo de créditos blandos otorgados por la provincia a los productores, a pagar a cosecha. En los 90, cuando se comenzó a sembrar trigo en Corrientes se alcanzó una superficie de 20.000 hectáreas, pero con mucha variabilidad según el año.

Corrientes tiene, en términos logísticos, una ventaja competitiva y podría abastecer al nicho comercial del sur de Brasil, que importa por año 500.000 toneladas, con una significativa mejora de precio para el productor, que se calcula entre un 15 y 25%. Por eso, esta vía de comercialización podría abarcar también trigos de Chaco y Entre Ríos, por ejemplo, y si se estabiliza la producción anual hasta se podría justificar la industrialización en la zona.

Además, existe la ventaja de vender en forma anticipada ya que en Corrientes se cosecha en septiembre u octubre, antes que en la zona triguera núcleo.

Del lado brasileño, el trigo argentino se usa para mezclar con el propio y blanquear la harina, para responder a las demandas del consumidor local que prefiere panificados más claros. Las muestras que llevó la misión comercial dejaron conformes a los molinos brasileños que se visitaron en cuanto a su color, gluten y proteína. De la misión comercial participaron productores, técnicos especialistas en trigo, representantes de la Universidad de Corrientes y del INTA.

 

Oportunidades

Quedó abierta la puerta para que los productores vendan directamente a molinos del otro lado de la frontera. La gimnasia exportadora está aceitada gracias al arroz, en especial para las grandes empresas agropecuarias, ya que Corrientes es la principal productora de arroz del país, y destina entre el 70 y el 80% de su producción a Brasil. «Para pequeños y medianos productores hay acopiadores brasileños que ya están en contacto como para que a fin de año se concreten algunos viajes y se vendan los primeros camiones», dijo Pablo Capellari, consejero del Ministerio de Producción de Corrientes.

En Corrientes se siembran preferentemente variedades de ciclo corto que se adaptan mejor a inviernos y a primaveras que comienzan antes que en las zonas trigueras tradicionales. Por eso, la ventana de siembra comienza en mayo para los ciclos largos e intermedios y se extiende hasta el 10 de junio como muy tarde para los ciclos cortos. De esta forma, se busca que los trigos florezcan a fines de agosto, ya sin riesgo de heladas, y que el llenado del grano se realice en septiembre con temperaturas templadas y poca lluvia. Se apunta a cosechar durante la primera quincena de octubre.

Desde el INTA Mercedes proponen una densidad de siembra de 100 a 120 kilos por hectárea para lograr el ideal de 300 plantas por metro cuadrado. Además, una fertilización de base de 80/100 kilos de fosfato diamónico y 30 kg/ha de cloruro potásico, 70 a 120 kg/ha de urea en una o dos aplicaciones, el uso de insecticidas para control de pulgones y fungicidas para prevenir fusarium, según como venga la primavera.

En los ensayos del INTA se alcanzaron rindes de más de 4000 kilos y en el campo un máximo de 3500 kilos, con promedios de 2500.

De todos modos, el cultivo tiene su riesgo ya que en Corrientes las lluvias son muy irregulares y pueden ser muy copiosas en poco tiempo y luego faltar agua por largos períodos. «Los suelos son pobres y los drenajes insuficientes, por lo que el agua se queda, encharca y genera muchas enfermedades, o se va y arrastra nutrientes», explica Figueroa. En invierno, la temperatura media es de 15 grados, por lo que el trigo tiene poco tiempo para formar macollos y las variedades de ciclo largo pierden contra las cortas por las pocas bajas temperaturas que normalmente se registran.

Patricio Watson, uno de los productores correntinos que participaron de la misión comercial, se entusiasma con la idea de vender el cereal directamente a Brasil. Comenzó a sembrarlo hace 10 años, sobre maíz con rastrojo pastoreado y sin pastorear. En ambos casos con fertilización fosforada de 100 kg, monoamónico+zinc en la línea, luego 120 kg de urea+potasio voleada al macollo.

También exploran la posibilidad de sembrar trigos de doble propósito (forrajero y para grano) con los que se están obteniendo buenos resultados: alrededor de 300 kilos de carne y 2500 kilos por hectárea de granos, una alternativa posible para inviernos lluviosos.

«El resultado de las reuniones mantenidas en Brasil fue muy positivo y trataremos de aceitar los mecanismos que permitan hacer una prueba piloto de exportación directa para esta campaña», remarcó Watson.

 

Una hoja de ruta para la producción del cereal

Hace 10 años, cuando evaluaron los registros de lluvias de Corrientes, vieron que, a diferencia de lo que sucede en el sur de Córdoba, donde ya hacían trigo y donde casi no llueve en invierno, las lluvias correntinas eran más regulares en invierno. Se entusiasmaron y comenzaron con rindes de entre 2500 y 3000 kilos.

«El problema fue siempre la comercialización. Durante la campaña pasada, con precios que rondaban los US$240 la tonelada, se podía vender el trigo en Resistencia o Chacabuco, a 200 y 700 kilometros», dice Patricio Watson. Pero con precios de 160 o 170 dólares esa alternativa no es rentable.

Por eso la venta directa a Brasil sería una alternativa comercial viable para el trigo de Corrientes. O usarlo como forraje para el destete y para las vaquillonas. Siempre en forma controlada y después de un acostumbramiento con balanceado, en el caso del destete, con alrededor de un kilo o un kilo y medio por animal y con complemento de suplementos minerales y proteicos. La superficie creció hasta las 300 hectáreas, pero hoy se achicó a 200. Al trigo le sigue un maíz convencional o tropical que siembran en diciembre y hasta el 10 de enero para cosecharlo en mayo/junio y embolsar húmedo con destino forrajero.

La Nación

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