El receso escolar de invierno en Entre Ríos será entre el 13 y el 24 de julio. Luego del mismo podría iniciarse el paulatino retorno de los alumnos a las aulas. Ello dependerá de la evolución de la pandemia en los distintos distritos.

El martes se volverá a reunir el Consejo Federal de Educación y está previsto que los ministros de las carteras educativas de todo el país aprueben el protocolo sanitario previsto para la reanudación de las clases presenciales.

Será un retorno parcial, inicialmente en aquellas jurisdicciones no afectadas por el impacto de la pandemia, y donde mejor se pueda cumplir con todas las exigencias, tanto de movilidad, como de ingreso, egreso y permanencia en las instituciones que impone la gravedad de la pandemia.

Además de las condiciones favorables que rodean a los ámbitos rurales, la prioridad del regreso a las aulas será para aquellos cursos que este año debían finalizar sus estudios. En Entre Ríos, sería el 6º grado de Primaria y 6º año en Secundaria.

El regreso presencial será determinado de forma regional y en función de la situación epidemiológica de cada lugar.

Pero además de ello, un aspecto singular del encuentro previsto para mañana es la posible determinación de si el regreso a las aulas será optativo para las familias, ya que hay temor y la desconfianza de padres y docentes acerca de la propagación del Covid-19 en el espacio escolar.

En las últimas semanas el Consejo General de Educación (CGE) ha venido manteniendo distintos encuentros con los gremios docentes.

En la provincia, el universo comprende a 350.000 alumnos, unos 40.000 docentes en más de 3.200 instituciones educativas desde Nivel Inicial hasta estudios superiores no universitarios.

El borrador del protocolo presentado deberá ser aprobado mañana por el Consejo Federal de Educación, el Consejo Interuniversitario Nacional y por el Consejo Rectores de Universidades Privadas.

En los últimos días se adelantaron aspectos tales como el uso obligatorio de tapaboca, el distanciamiento permanente entre las personas de un metro y medio, en aulas con pocos alumnos bajo la modalidad de «aula burbuja», distribuidos en zigzag, entre otros.

El esquema impone un plan de dos etapas: De condiciones antes de abrir el establecimiento educativo, y con las puertas ya abiertas.

Antes de la reanudación de las clases presenciales, se exige una capacitación al personal docente y no docente y la preparación de las familias sobre aspectos sanitarios; la articulación entre escuelas y sistemas de salud para desarrollar un plan de mantenimiento preventivo de las instalaciones; la necesidad de contar con todos los elementos de higiene pertinentes; acceso de agua potable; y adecuación de aulas y espacios comunes para el distanciamiento físico.

Al regreso a las aulas se deben estipular ingresos y egresos escalonados en cada establecimiento; mantener el distanciamiento social y el uso obligatorio del tapabocas. Asimismo contempla la actuación frente a un posible caso o contacto estrecho, y eventualmente frente a esa situación, la suspensión de clases durante un día para tareas de desinfección.

Se debe garantizar la continuidad de sistemas virtuales para aquellos alumnos que no puedan asistir, y establece también el protocolo la necesidad de mantener limpias, ventiladas y desinfectadas todas las zonas de circulación, con tareas ante cada cambio de turno. (UNO)