La mamá de Micaela García, Andrea Lescano, fue la primera testigo en el juicio por el femicidio contra Néstor Pavón, que comenzó este jueves en el Tribunal de Juicio de Gualeguay.
Inicialmente, recordó lo sucedido el día anterior, así como el día del crimen y los posteriores: “El 31 de marzo de 2017 mantuve comunicación telefónica con Micaela por la mañana para coordinar las compras que le llevaríamos. Ese día —o mejor dicho, el 1.º de abril— ella se iba a ir a San José o Pueblo Liebig al baby shower de su amiga Dalma. Como yo le estaba haciendo el regalito para su amiga, cerca de las 12 de la noche le mandé un mensaje diciéndole que ya lo había terminado y preguntándole cuándo pasaba a buscarlo. Ella me respondió: ‘Mirá, mamá, estamos en la previa para irnos a la fiesta de las tribus del profesorado en el boliche. ¿No te acordás que tenemos la fiesta? Voy mañana’. Le dije que sí me acordaba y nos quedamos hablando hasta pasadas las dos de la mañana. Esa fue la última conversación que mantuve con ella”.
“Al día siguiente -continuó-, 1° de abril, me llamó su novio diciéndome que Micaela no respondía al teléfono y que no había forma de contactarla. Ellos ya habían buscado por todos los lugares y no la podían encontrar, lo cual era totalmente inusual porque Mica jamás se retiraba sin avisar dónde estaba. Empecé a llamar a sus compañeros y contactos, y todos me decían lo mismo: que la habían buscado por todos lados y no aparecía”.
Así comenzó la búsqueda: “Después del mediodía me llamaron sus amigas Jesica y Carla (con quienes vivía) para avisarme que estaban en la comisaría intentando hacer la denuncia por la desaparición, pero no se la querían tomar porque aún no habían transcurrido 24 horas. Una policía les sugirió que, como yo vivía en Colón, hiciera la denuncia allí y la enviara por fax para que en Gualeguay la pudieran tomar, y que luego yo viajara a rectificarla. Hice la denuncia en Colón y luego viajé a Gualeguay para rectificarla pasadas las 20”, recordó Andrea.
Sobre cómo vestía ese día Micaela, la madre detalló: “Una blusita color natural marfil con tiritas, un shorcito de animal print y unas sandalias negras con tachas. Me acuerdo perfectamente de las sandalias porque ella las odiaba: las habíamos comprado en Uruguay en un local que llevaba el nombre ‘Macri’ y, como militaba en otro partido político, se enojó muchísimo. Apenas salió de la zapatería tiró la caja y llevaba las sandalias en la mano”.
Luego, la mujer se refirió a las consecuencias del femicidio de su hija en su salud: “Desde el hecho he tratado de mantenerme al margen de los detalles del proceso porque la situación me afectó profundamente a nivel psicológico. Intento bloquear esa parte porque me cuesta mucho y no quiero saber cuánto sufrió mi hija. Como consecuencia del trauma, perdí la memoria a corto plazo. Hice tratamiento terapéutico, psicológico y psiquiátrico, todo sin medicación debido a que soy intolerante a los fármacos. Con el tiempo y gracias a las pautas de mi psiquiatra, pude ir recuperando la memoria corta y continuar con mi vida”, recordó.
“Sin embargo -agregó-, esta secuela me obligó a abandonar mi profesión. Yo soy licenciada en Seguridad e Higiene y trabajaba en obras metalmecánicas. Al perder la memoria a corto plazo, si en una obra olvidaba detectar una condición insegura y fallecía algún trabajador bajo mi cargo, yo era responsable penalmente por el ejercicio de mi profesión. Tuve que dejar la parte operativa e industrial y reorientar mi labor laboral hacia la vinculación tecnológica en la Universidad Tecnológica Nacional y otras actividades”.
También el hecho tuvo un terrible impacto en toda la familia: “La pérdida de Micaela nos destruyó y nos afectó a todos en la familia de distintas maneras”, aseguró Andrea, y relató: “Mi madre pasó de no tener ninguna dolencia a sufrir constantes afecciones físicas, dolores de estómago y ataques de llanto desbordantes”.
Sobre uno de sus hijos, hermano de Micaela, dijo: “Se llevaban tres años de diferencia y eran sumamente amigos. Le costó muchísimo procesar el dolor: tuvo que interrumpir sus estudios universitarios y atravesó momentos de profunda desesperación, como llegar desbordado a casa gritando, llorando y golpeando las paredes”. El hermano del medio, “fue el que más sufrió el cambio de domicilio y el aislamiento”, recordó Andrea, y agregó: “Cayó en una depresión severa. Tuvo que dejar la escuela y perdió por completo su vida social. Al día de hoy tiene 24 años y le cuesta enormemente salir de casa o reconstruir una vida social”. Y en cuanto al hermano menor, dijo: “Conserva la guitarra de Micaela como su símbolo más preciado. Recordamos mucho el último mes, cuando jugamos un torneo de vóley en familia en Colón y Micaela compartió momentos muy profundos y solidarios con él”.
También Andrea recordó las consecuencias del femicidio sobre los abuelos paternos de Micaela: “La abuela quedó devastada, llorando en todo momento, y falleció el 16 de diciembre. El abuelo paterno se sumergió en una depresión profunda, se tiró a la cama y terminó falleciendo a causa de la depresión de no tener a su nieta”.
Andrea se explayó durante gran parte de su testimonio recordando las características a su hija en cuanto a su actividad deportiva, la militancia política y el compromiso social: “Micaela era una chica extraordinariamente activa, independiente, resolutiva y solidaria”, aseguró. Recordó que “hizo gimnasia aeróbica durante muchos años, integró la Selección Argentina, fue campeona nacional y campeona panamericana en trío. A los 11 años se animó a viajar sola a un mundial en Alemania, haciendo escalas e indicando direcciones sin dominar el idioma. También compitió en Panamericanos en México y Brasil. Cuando clasificó a un torneo en Estados Unidos, ella misma decidió no ir para evitar causarles a sus padres un gasto económico alto. Practicaba además vóley, atletismo, gimnasia artística, hándbol y kickboxing”.
Sobre sus estudios y el liderazgo estudiantil, la madre detalló: “Cursaba el último año del profesorado de educación física en Gualeguay. Era la ‘hechicera’ (máxima referente femenina) de la tribu Huayna en el profesorado. Intentó armar un centro de estudiantes en la institución para que todos los alumnos tuvieran opciones de libre elección”.
También recordó que “para pagarse el viaje al recital del Indio Solari en Olavarría, trabajó todo el verano de moza en una pizzería por las noches y de ayudante en una colonia de vacaciones por las mañanas. Sostenía con firmeza que sus padres tenían la responsabilidad de proveerle lo necesario para estudiar, pero que sus gustos debía ganárselos ella”.
Asimismo, refirió que “militaba en la Juventud Peronista Evita (JP Evita) y era una de las máximas referentes en la provincia de Entre Ríos. Se preocupaba con enorme sensibilidad por los últimos de la fila y por los niños. Recorría los barrios más vulnerables de Concepción del Uruguay detectando necesidades, armando equipos de trabajo comunitario y proyectando actividades con una capacidad organizativa impresionante a un año vista”.
Por último, Andrea Lescano narró cómo fue la lucha con la Fundación Micaela García y la lucha por la Ley que lleva el nombre de su hija: “Después de su femicidio, junto a mi marido, entendimos que debíamos dedicar nuestra vida a mantener viva su memoria y continuar la obra social que ella realizaba. Micaela siempre me decía: ‘El después no existe, tenés que hacer ahora’. Nos dedicamos a acompañar a personas víctimas de violencia de género, a realizar ferias y talleres de capacitación laboral para brindarle independencia económica a las mujeres, a brindar asesoramiento legal y a acompañar en casos de abusos sexuales”.
La sanción de la Ley, recordó, “surgió a partir de un borrador elaborado por una abogada que había sido secretaria de Carmen Argibay en la Corte Suprema, junto con la legisladora Analía Rach Quiroga y un proyecto preparado por los compañeros de militancia de Micaela. Ambos proyectos se unificaron en el Congreso Nacional con el consenso de todos los bloques políticos. Hoy, desde la Fundación, trabajamos activamente en la concientización, difusión y correcta implementación pedagógica de la Ley Micaela en todos los organismos del Estado”.
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