El Ministerio de Salud de Entre Ríos reconoció a ANÁLISIS, con un informe de la Dirección Materno Infanto Juvenil, que documenta la caída de 22.148 a 12.496 nacidos vivos entre 2016 y 2024, el derrumbe del sector privado, cinco hospitales que hoy funcionan como nivel I y un presupuesto materno infantil que se acredita. pero se ejecuta a medias. Los datos coinciden, con matices, con los que ya había aportado el Registro Civil entrerriano: en 2025 nacieron 12.569 chicos y murieron 11.507 personas.
En 2016, en algún hospital de la provincia, nació el bebé número 22.148 de ese año. En 2024, el último con cifras oficiales cerradas, la cuenta se detuvo en 12.496. Entre una fecha y otra, Entre Ríos perdió el 43,6 por ciento de sus nacimientos. No es una estimación ni una proyección: es el número que el propio Ministerio de Salud provincial consignó en el informe que remitió a ANÁLISIS en respuesta a un pedido de acceso a la información pública presentado en el marco de la Ley 27.275 y de la Ley provincial 11.191, dirigido al ministro Daniel Blanzaco.
El documento, elaborado por la Dirección Materno Infanto Juvenil con datos del Departamento de Bioestadística provincial y de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud de la Nación, tiene la prolijidad de un trabajo académico: diez capítulos, nueve gráficos, siete tablas y cuatro anexos. Pero detrás del orden expositivo hay una provincia que se vacía de cunas. La tasa de natalidad, que en 2016 era de 16,6 nacidos vivos por cada mil habitantes, cayó a 8,6 en 2024. La tasa global de fecundidad, que hasta 2018 se mantenía entre 2,3 y 2 hijos por mujer, se desplomó a 1,1 en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional, que los demógrafos ubican en 2,1.
El Ministerio aclaró que el fenómeno no es entrerriano sino nacional, y en eso tiene razón: la tasa argentina bajó de 16,7 a 8,9 en el mismo período. Entre Ríos está apenas por debajo del promedio del país, lejos de Misiones (12,3 por mil), Chaco (11,9), Santiago del Estero (10,8) y Formosa (10,7), y más cerca de las provincias del centro y la pampa húmeda. La Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, con 6,9 por mil, cierran la tabla. La lectura oficial es que Entre Ríos tiene “una natalidad moderada” con patrones demográficos parecidos a los de la región centro. La otra lectura, que el informe no hace, es que una provincia que en 2001 registraba entre 22 y 23 mil nacimientos por año y una tasa de entre 18 y 20 por mil, hoy no llega a los 12.500 y ya perforó los 9 por mil.
El propio Ministerio ubica el punto de inflexión. Durante los primeros años de la serie, los nacimientos se mantuvieron relativamente estables. A partir de 2016 comenzó una disminución más pronunciada, que se acentuó desde 2018. Y entre 2020 y 2024 la caída fue sostenida, año tras año, sin un solo repunte: 16.975 nacimientos en 2020, 16.335 en 2021, 15.050 en 2022, 13.991 en 2023 y 12.496 en 2024.
El informe atribuye buena parte de esa curva a un dato que presenta como logro sanitario: el retroceso del embarazo adolescente. Entre 2016 y 2024, los nacidos vivos de madres menores de 20 años bajaron de 3.641 a 1.126, una caída del 69,1 por ciento. Los nacimientos de niñas menores de 15 años pasaron de 113 a 36. La provincia cuenta hoy con 33 consultorios con asesoría integral para adolescentes, y el Ministerio enumera el Programa Provincial de Salud Integral de las y los Adolescentes, la ampliación del acceso a métodos anticonceptivos, las consejerías en salud sexual y reproductiva y la articulación con el sistema educativo como los engranajes de esa política.
Pero el descenso del embarazo adolescente explica sólo una parte del vacío. Si se restan los nacimientos de madres adolescentes del total, la caída entre 2016 y 2024 sigue siendo de 18.554 a 11.422 nacidos vivos, es decir del 38 por ciento. La maternidad se posterga: el informe admite que crece la proporción de nacimientos de mujeres de 35 años y más, mientras el grupo de 20 a 34 sigue concentrando la mayoría de los partos. El Ministerio se cuida de atribuir el fenómeno a un único determinante y lo describe como “complejo y multifactorial”, producto de “cambios demográficos, sociales, económicos y culturales”, entre los que menciona, casi al pasar, “factores vinculados a las condiciones económicas, laborales y habitacionales de la población”.
Hay un dato, sin embargo, que el informe deja caer en el capítulo de factores asociados y que merece ser leído con atención. Desde 2023, “ante la reducción aproximada del 75 por ciento en la provisión de insumos por parte del Estado Nacional”, el Ministerio de Salud de Entre Ríos debió comprar con recursos provinciales los métodos anticonceptivos y los insumos esenciales que antes enviaba Nación, para sostener las prestaciones de la Ley 27.610. Es la primera vez que un documento oficial entrerriano cuantifica el tamaño del retiro nacional en esa materia.

El derrumbe del sector privado
El capítulo más revelador del informe es el que discrimina los nacimientos según dónde ocurrieron. En 2016, de los 22.148 nacidos vivos, 11.881 nacieron en efectores públicos y 10.242 en el sector privado. En 2024, los públicos fueron 7.979 y los privados 4.502. Es decir: mientras el sector público perdió el 32,8 por ciento de sus partos, el privado perdió el 56 por ciento. Más de la mitad.
La consecuencia se ve en la distribución: el sector público pasó de atender el 54 por ciento de los nacimientos en 2016 al 64 por ciento en 2024, y el privado retrocedió del 46 al 36 por ciento. El informe lo presenta como “un aumento de la participación del sector público”, pero la aritmética es otra: no es que el hospital público atrajo más partos, sino que los sanatorios y las clínicas privadas perdieron más de la mitad de los suyos. Detrás de ese número hay familias que dejaron de tener obra social o prepaga, obras sociales que dejaron de cubrir maternidades, y clínicas del interior que directamente cerraron sus servicios de obstetricia. Ninguna de esas tres explicaciones aparece en el documento, que se limita a consignar la cifra.
Los nacimientos en vivienda particular o en “otro lugar” se mantuvieron por debajo del 1 por ciento en todo el período: entre 11 y 27 por año.
Lo que dijo el Registro Civil
Los números del Ministerio de Salud pueden cruzarse con otra respuesta oficial que ANÁLISIS ya publicó el 30 de agosto pasado: la de la Dirección General del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas, firmada por José Luciano Fettolini, que llegó por vía del Ministerio de Desarrollo Humano y la Secretaría de Justicia a raíz de otro pedido de información pública presentado el 6 de julio.
Las dos fuentes miden cosas distintas: Salud cuenta nacidos vivos ocurridos en territorio entrerriano; el Registro Civil cuenta inscripciones de nacimiento, que incluyen registros tardíos y pueden incluir hijos de entrerrianos nacidos en otra jurisdicción. Por eso los números no coinciden exactamente, pero se acompañan. Para 2023, Salud informó 13.991 nacidos vivos y el Registro Civil 14.245 inscripciones. Para 2024, 12.496 contra 12.751. La brecha, en ambos casos, ronda el 2 por ciento, algo por encima del “menos del 1 por ciento” de diferencia entre fuentes que el propio Ministerio de Salud advierte en la introducción de su informe.
Lo que el Registro Civil aporta y Salud todavía no tiene es el año 2025: 12.569 nacimientos inscriptos, apenas 182 menos que en 2024. Y aporta también el primer semestre de 2026, con 7.643 inscripciones. Ese último dato es el único de toda la serie que insinúa un freno o incluso un rebote, pero conviene tomarlo con pinzas: las inscripciones de un semestre incluyen nacimientos del año anterior registrados tarde, y la propia respuesta del Registro Civil no distingue entre unos y otros.
El cruce más inquietante, sin embargo, no es el de nacimientos con nacimientos, sino el de nacimientos con defunciones. Según el Registro Civil, en 2024 se inscribieron 12.751 nacimientos y 12.022 defunciones; en 2025, 12.569 nacimientos y 11.507 defunciones. El saldo vegetativo de Entre Ríos, es decir la diferencia entre los que nacen y los que mueren, fue de apenas 729 personas en 2024 y de 1.062 en 2025. En 2016, con más de 22.000 nacimientos por año, ese saldo era varias veces mayor. La provincia está a un paso de dejar de crecer por sus propios nacimientos.
El Registro Civil también informó los nacimientos ocurridos en hospitales públicos donde funcionan sus delegaciones: 6.940 en 2023 y 6.859 en 2025, con Paraná bajando de 2.192 a 2.118 y Concordia estable en 1.772. Esa cifra es bastante menor que los 8.582 nacimientos en efectores públicos que Salud consigna para 2023, lo que sugiere que el Registro Civil sólo cuenta los hospitales donde tiene oficina propia. La tendencia, en cualquier caso, es la misma.
Y hay un dato de contexto que la respuesta del Registro Civil dejó a la vista y que ahora cobra otro sentido: matrimonios en baja (de 3.560 en 2023 a 3.481 en 2025), uniones convivenciales en caída del 18 por ciento (de 2.642 a 2.167) y un total de actos civiles que se contrajo 5,5 por ciento en dos años. Menos parejas que se formalizan, menos hijos que se inscriben, más defunciones: la fotografía demográfica es consistente en las dos ventanillas del Estado.

El mapa de los partos
El anexo territorial del informe de Salud es, quizás, el documento más elocuente de todos, porque distingue entre el departamento donde vive la madre y el departamento donde efectivamente nació el bebé. La diferencia entre ambas columnas es el mapa de los traslados.
En 2024, en el departamento San Salvador vivían las madres de 203 nacidos vivos. En San Salvador nacieron 3. En Feliciano, 151 madres residentes y 10 nacimientos ocurridos. En Islas del Ibicuy, 114 madres y 2 partos. En Nogoyá, 343 madres y 152 nacimientos. En Colón, 580 madres y 313 partos. En Tala, 237 madres y 132 nacimientos. En Federal, 255 madres y 172 partos. En Diamante, 412 madres y 408 nacimientos, aunque la cifra departamental esconde que el hospital San José de la ciudad de Diamante registró apenas 3 nacimientos en todo el primer semestre de 2026, según el anexo del Programa de Pesquisa Neonatal.
La serie histórica muestra cómo se fue apagando la luz en las maternidades chicas. En San Salvador nacieron 129 chicos en 2016, 58 en 2017, 25 en 2018, 13 en 2019, 12 en 2020 y luego 5, 4, 4 y 3. En Feliciano, de 42 en 2016 a 10 en 2024. En Islas del Ibicuy, de 10 a 2. En Tala, de 279 a 132. En Colón, de 613 a 313. En Nogoyá, de 261 a 152. En Federal, de 335 a 172.
Adónde van esas madres lo dice el anexo del Programa Juan, el programa provincial de pesquisa neonatal que cubre a más del 99 por ciento de los recién nacidos en efectores públicos. En el primer semestre de 2026 se tomaron 4.264 pesquisas en hospitales públicos de la provincia. De ellas, 1.150 fueron en el Hospital San Roque de Paraná y 868 en el Masvernat de Concordia. Entre los dos concentran el 47 por ciento de los partos públicos de Entre Ríos. Le siguen el Centenario de Gualeguaychú con 400, el Santa Rosa de Chajarí con 352, el Urquiza de Concepción del Uruguay con 293, el San Antonio de Gualeguay con 255, el Santa Rosa de Villaguay con 237, el 9 de Julio de La Paz con 184 y el San Benjamín de Colón con 180. En la otra punta, el hospital de Federación registró 6 nacimientos en seis meses; el de Feliciano, 5; el de Santa Elena, 4; el de Diamante y el de San Salvador, 3 cada uno; el de Villa Elisa, 2; los de Alcaraz, Crespo y Seguí, 1.
Hospitales nivel 1
El punto 6 del pedido de ANÁLISIS preguntaba, con nombre y fecha, qué maternidades y servicios de obstetricia públicos habían sido cerrados, suspendidos, degradados de categoría o reducidos en su capacidad operativa en los últimos diez años. El Ministerio no respondió con una nómina. Respondió con una explicación de la Regionalización de la Atención Perinatal, aprobada por Resolución 3397/17 en octubre de 2017, y con un párrafo cuidadosamente redactado.
Según el informe, la red perinatal provincial comprende hoy diez establecimientos con Condiciones Obstétricas y Neonatales Esenciales: dos de nivel IIIB (San Roque de Paraná y Masvernat de Concordia), dos de nivel IIIA (Centenario de Gualeguaychú y Urquiza de Concepción del Uruguay) y seis de nivel IIB (Salaberry de Victoria, 9 de Julio de La Paz, Santa Rosa de Villaguay, Santa Rosa de Chajarí, San Antonio de Gualeguay y San Benjamín de Colón). A ellos se suman cinco hospitales de nivel IIA que “cuentan con las CONE de manera integral, aunque su disponibilidad no se mantiene durante los 365 días del año”: San Blas de Nogoyá, Nuestra Señora del Luján de General Ramírez, Urquiza de Federal, Sagrado Corazón de Jesús de Basavilbaso y San Roque de Tala. La frase, traducida, significa que en esas cinco ciudades hay días del año en que no se puede tener un parto seguro en el hospital público.
Y luego viene la admisión: “los hospitales San José de Federación, Hospital Santa Elena de Santa Elena, Hospital Francisco Ramírez de Feliciano, Hospital San José de Diamante y Hospital San Miguel de San Salvador se encuentran funcionando como nivel I”. Nivel I, en la nomenclatura de la regionalización, es el primer nivel de atención, orientado al control prenatal y a las acciones de salud materno-infantil. No a partos.
El Ministerio sostiene que “durante el período analizado se han registrado modificaciones en la capacidad efectiva de atención perinatal de algunos establecimientos respecto de la categorización establecida en 2017”, pero que esas situaciones “responden a la organización y capacidad operativa vigente de los servicios y no implican, a la fecha, una modificación formal de la categorización establecida mediante resolución”. Es decir: los hospitales de Federación, Santa Elena, Feliciano, Diamante y San Salvador siguen formalmente categorizados como en 2017, pero en los hechos dejaron de atender partos. Nadie firmó una resolución de cierre; simplemente, los partos dejaron de ocurrir allí. El informe agrega que la provincia “se encuentra realizando una reevaluación de la regionalización y categorización de la red perinatal, en coordinación con el Ministerio de Salud de la Nación”.
Vale la pena volver sobre San Salvador con ese dato en la mano. En 2016, cuando el hospital San Miguel todavía atendía partos, allí nacieron 129 chicos. El derrumbe comenzó en 2017 (58) y se consumó en 2018 (25), es decir, inmediatamente después de la Resolución 3397/17 que organizó la red. En 2024 nacieron 3. Las 203 madres residentes en el departamento que tuvieron hijos ese año viajaron a Concordia, a Villaguay o a Paraná.
Más y menos en recursos humanos
El capítulo de recursos humanos es el que mejor muestra la doble cara del proceso. La dotación de licenciados y licenciadas en obstetricia creció de 264 a 319 profesionales entre 2016 y 2026, un 20,8 por ciento más, con incrementos en 14 de los 17 departamentos. El Ministerio destaca los casos de Gualeguaychú (de 12 a 23), Nogoyá (de 6 a 11), Islas del Ibicuy (de 3 a 5) y San Salvador (de 5 a 8). La paradoja es que Nogoyá, Islas y San Salvador son precisamente tres de los departamentos donde casi no nacen chicos: las obstétricas están para el control del embarazo, no para el parto, que ocurre en otra ciudad.
Los tocoginecólogos, en cambio, bajaron de 207 a 193, un 6,8 por ciento menos. El Ministerio matiza la cifra provincial con los incrementos en los hospitales de referencia: San Roque de Paraná pasó de 24 a 28, Masvernat de Concordia de 27 a 30, San Benjamín de Colón de 6 a 8, Santa Rosa de Villaguay de 4 a 6 y San Antonio de Gualeguay de 6 a 7. Concepción del Uruguay, sumando el Urquiza y el Sagrado Corazón de Basavilbaso, bajó de 23 a 22. Si los grandes crecieron y el total bajó, la resta se hizo en los hospitales chicos, que el informe no detalla.
En neonatología la caída es más nítida y toca a los hospitales más grandes. El Materno Infantil San Roque de Paraná, el de mayor complejidad de la provincia, pasó de 39 a 31 neonatólogos. El Urquiza de Concepción del Uruguay, de 13 a 9. El Centenario de Gualeguaychú, de 7 a 4. Sólo el Masvernat de Concordia creció, de 21 a 22. El Ministerio afirma que esas variaciones “responden a la reorganización de los servicios frente a los cambios en el volumen y la distribución de los nacimientos y no implicaron una reducción de su capacidad operativa”. El razonamiento es que, si nacen menos chicos, hacen falta menos neonatólogos. Es una lógica de mercado aplicada a un servicio de terapia intensiva neonatal.
En enfermería neonatal, la foto es dispar. El San Roque de Paraná pasó de 44 a 63 enfermeros neonatales con las mismas 30 cunas. El Masvernat de Concordia, de 18 a 30 enfermeros, pero sus cunas bajaron de 35 a 27. El Urquiza de Concepción del Uruguay bajó de 16 a 15 enfermeros y de 15 a 13 cunas. El Centenario de Gualeguaychú, de 20 a 15 enfermeros y de 18 a 16 cunas. El Santa Rosa de Villaguay mantuvo 7 enfermeros y sumó una cuna, de 5 a 6.

Presupuestos con vaivenes
El punto 9 del pedido preguntaba por el presupuesto asignado y efectivamente ejecutado en salud materno infantil. La respuesta trae una tabla del Programa 25.01, Programa Materno Infanto Juvenil, que es una radiografía de la relación entre lo que se anuncia y lo que se gasta.
En 2016, el programa tenía un crédito original de 11,8 millones de pesos y comprometió 10,9 millones. En 2019 tenía 20,9 millones acreditados y comprometió apenas 4,1 millones, menos del 20 por ciento. En 2020, en plena pandemia, el crédito original fue de 6,4 millones y el compromiso trepó a 47,4 millones, siete veces más. Los años siguientes se estabilizan hasta 2023, cuando el crédito salta a 264,6 millones y se comprometen 149,2 millones. En 2024, con 350,6 millones acreditados, se comprometieron 196,9 millones. En 2025, el crédito original se disparó a 1.495,9 millones de pesos y el compromiso fue de 733,7 millones: menos de la mitad. Y en 2026, con 1.485,3 millones acreditados, el compromiso a la fecha de corte es de 368,8 millones, el 25 por ciento.
El Ministerio anticipa la objeción y aclara que el Programa 25.01 “considerado de manera aislada no representa la totalidad de los recursos provinciales destinados a esta población”, porque el gasto materno infantil está “distribuido de manera transversal” en otros programas: las guardias de la carrera asistencial, el funcionamiento de los centros de salud, Incluir Salud, el programa de diabetes, la compra de equipamiento y ambulancias. Es cierto. Pero también lo es que el único programa presupuestario con el nombre “materno infanto juvenil” ejecuta la mitad de lo que se le asigna.
El caso del Programa Juan, el de pesquisa neonatal, es distinto porque la propia respuesta lo trae expresado en moneda homogénea, indexado a julio de 2026. Y ahí la curva es inequívoca: el gasto real del programa fue de 183,6 millones en 2016, 206,8 millones en 2017, 176,8 millones en 2018, 150,8 millones en 2019, 153,7 millones en 2020, 101,8 millones en 2021, 102,8 millones en 2022, 73,4 millones en 2023, 76 millones en 2024 y 92,6 millones en 2025. En diez años, el programa que hace el test del talón a más del 99 por ciento de los recién nacidos entrerrianos perdió la mitad de su presupuesto en términos reales. Es aproximadamente la misma proporción en que cayeron los nacimientos: el gasto por chico pesquisado se mantuvo, pero el programa se achicó junto con la provincia.
El anexo de gasto por hospital muestra, en pesos corrientes, el crecimiento nominal de los diez establecimientos CONE, con el San Roque de Paraná pasando de 406 millones en 2016 a 38.894 millones en 2025 y el Masvernat de Concordia de 434 millones a 48.386 millones, aunque el Ministerio aclara que esos montos corresponden al gasto general de cada hospital “y no exclusivamente a las prestaciones materno infantiles”. El anexo 4 agrega los fondos del Programa SUMAR, que en 2024 aportó 950 millones en su componente básico, más 59,2 millones en atención materno infantil.
Fertilidad asistida y mortalidad
Sobre el Programa de Reproducción Médicamente Asistida, la respuesta es escueta. Entre 2020 y el primer semestre de 2026 se certificaron 87 consentimientos informados para tratamientos de fertilidad: 2 en 2020, 7 en 2021, 10 en 2022, 17 en 2023, 22 en 2024, 19 en 2025 y 10 en lo que va de 2026. El Ministerio aclara que “no existen listas de espera para estos tratamientos, ya que se realizan a medida que las autorizaciones son confirmadas”. No informa presupuesto, ni cuántos de esos tratamientos terminaron en un embarazo, ni cuántas parejas iniciaron el trámite y no lo completaron. En una provincia que pierde 10.000 nacimientos por año, 87 certificaciones en seis años es un número que habla por sí solo.
El último capítulo del informe contextualiza la natalidad con la mortalidad. La tasa de mortalidad infantil de Entre Ríos era de 10,4 por cada mil nacidos vivos en 2016, alcanzó su máximo en 2022 con 10,8, bajó a 9,5 en 2023 y a 8,8 en 2024. El Ministerio destaca la reducción de 1,6 puntos en ocho años. Lo que no subraya es que el promedio argentino en 2024 fue de 8,5, es decir que Entre Ríos sigue por encima de la media nacional, y que con 12.496 nacimientos una tasa de 8,8 equivale a unos 110 chicos menores de un año que murieron ese año en la provincia.
La razón de mortalidad materna tuvo un pico en 2021, tanto en el país como en la provincia, y en Entre Ríos llegó a 4,8 por cada diez mil nacidos vivos en 2024, mientras a nivel nacional la curva bajó desde 2022.
Lo que faltó
El informe del Ministerio de Salud es, con diferencia, la respuesta más completa que ANÁLISIS recibió en la campaña de pedidos de acceso a la información pública dirigida al gobierno provincial. Pero deja huecos. No entrega la nómina de maternidades cerradas o degradadas que pedía el punto 6, y reemplaza esa lista por una descripción en la que cinco hospitales “se encuentran funcionando como nivel I” sin fecha ni resolución. No informa los documentos o estudios internos sobre las causas de la caída que pedía el punto 8, salvo el propio informe. No discrimina la dotación de tocoginecólogos por hospital chico, que es donde se produjo la reducción. No informa presupuesto ni resultados del programa de fertilidad asistida. Y presenta el gasto hospitalario en pesos corrientes de una década de alta inflación, sin la moneda homogénea que sí usó, con honestidad, para el Programa Juan.
Con esos límites, el cuadro que dejan las dos respuestas oficiales, la de Salud y la del Registro Civil, es el de una provincia que en ocho años perdió casi la mitad de sus nacimientos, que concentró los partos en dos hospitales, que dejó de atender nacimientos en al menos cinco ciudades sin firmar un solo acto administrativo de cierre, que redujo neonatólogos en sus hospitales más grandes con el argumento de que nacen menos chicos, y que está a 729 personas de dejar de crecer. El Ministerio prefiere hablar de “transición demográfica”. El Registro Civil, más prosaico, anota cada año menos partidas de nacimiento y cada año casi las mismas de defunción.
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